miércoles, noviembre 29, 2006

Cargador

Resulta que P trabaja para una mafia de productos cosméticos; los distribuye por Viña del mar, Valparaíso y Casablanca. El compañero de P, físicamente, es igualito a Woody Allen y eso, a P, lo irrita profundamente. El compañero de P no es judío, es padre de familia o algo así. Además, P, carga el camión, ardua tarea para alguien con evidente sobrepeso. Lo único que no hace P, es manejar el camioncito; el que maneja el vehículo es Woody.
Por lo general P tiene la cabeza en otra parte. Llevado por el entusiasmo y los estimulantes imagina el día en que la pesadilla de los cosméticos acabe. También imagina una obra teatral que jamás escribirá donde un hombre maduro, deshecho por la bebida, le cuenta a su joven amante cómo sobrevivió la vez que fue abandonado por sus camaradas en el desierto de Atacama: comiendo las raíces de su vello púbico e ingiriendo, por las noches, su orina.
Pero P también piensa en algunas mujeres, en libros y en los pocos amigos que conserva. Podríamos agregar que P es un solitario no por opción, ni menos un paria. P se preocupa por su aspecto; P, y esto P lo sabe muy bien, si se lo propone, puede llegar a ser un tipo encantador, pero volvamos a los cosméticos y a la miseria cotidiana de nuestro protagonista: P recorre calles polvorientas al caer la tarde en un sitio indeterminado cargando los productos de belleza, pero no logra dar con la dirección. En la guía, además del nombre del destinatario y su dirección, figura un teléfono.
P entra a un boliche oscuro y pide el teléfono a una dama con poco de dama y con cara de pocos amigos. Ella, sin más, le indica un teléfono ubicado en una esquina que a P le parece aún más oscura. P se siente enfermo en ese lugar, un escalofrío recorre su espalda. El teléfono está fuera de servicio, escucha en una grabación que le confirma que la vida es un gran agujero en el que se puede divisar, al final, un piano de cola.
P desvaría, se siente afiebrado.
Al salir del boliche P se percata de que ha anochecido.
P está algo desorientado.
P comienza a experimentar un miedo sólo comparable con el del hombre abandonado en medio del desierto por sus camaradas, pero P está en la ciudad, y su jornada no ha terminado.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

esbozé sonrisas varias

5:09 p. m.  

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