Formas de la risa (o la crónica de la querida)
para Carlos Ceruti Lagos
Alguien huye de su departamento un par de días y lo único que desaparece es un diccionario.
Ahí ese alguien tiene que pensar, necesariamente, que lo peor está por sucederle: algo se aproxima.
Su cuerpo está con la temperatura en su punto y se aventura y sale, no muy decidido, a las calles: visitará a un amigo.
Ese amigo, como es de suponer en estos casos, no le espera, pero él tampoco piensa encontrarlo.
Ese amigo al verle sabe que algo se aproxima con la fuerza de un asteroide con nombre de personaje Egipcio(1), a la tierra, y debería caer el 13 de Abril del año 2036, sobre el Reyno de Chile, aunque las probabilidades son bajas.
Dicho esto, y no de paso, podemos dar cuenta de nuestro relato:
Los amigos van de compras y encuentran a una chica dentro de una fotocopiadora. A uno de los amigos le parece lo bastante guapa como para ir a beber una copa de vino blanco y comer atún desmenuzado con tomates y palta dentro de la habitación del amigo que aparentemente la conoce.
Se ha bebido vino blanco y nadie parece satisfecho.
Uno de los amigos nunca se enterará del nombre de la muchacha, pero sin embargo, le regalará un poema que habla sobre las dudas, el hartazgo, el desenfado, la distancia y los márgenes de una página en blanco.
Se supone que hay un par de cervezas en el freezer, pero la chica se despide.
Esa misma tarde uno de los amigos le dice, al otro, que el día anterior vio a través de la ventana a un gato recién nacido evidentemente abandonado, y fue a buscarlo para darle leche, pero terminó ahogándolo en el lavamanos. También dijo que su madre habría sido la cómplice del asesinato.
Luego el animal fue depositado en una caja de zapatillas para ser lanzado en un contenedor de basura. Eso fue entre las 15:30 y las 15:50 de un día Domingo en que los cantos de los evangélicos, frente a su habitación, se elevaban como plegarias a un cielo gris por donde se le viera.
Aproximadamente a las 18:00 hrs un tipo comenzó a hurgar en el contenedor para sacar cartones y botellas de vidrio y uno de los amigos vio cómo la caja de zapatillas era abierta por el vagabundo, y logró constatar la conmoción del hombre que, quién sabe por qué, no volvió a dejar dentro del contenedor de basura la caja con el gato ahogado.
Muerte por agua, pensó en ese momento uno de los amigos.
Al darse cuenta de que la evidencia quedaba ahí expuesta y podía llegar a complicar la relación con alguno de sus vecinos, uno de los amigos bajó a comprar unas cervezas y volvió a depositar la caja sin poder evitar mirar antes al animal que ahí yacía, pero que, inexplicablemente, seguía vivo.
Esto perturbo profundamente al amigo que continuó ahora su rumbo equívoco hacia una botillería donde podría transformarse en el perfecto culpable (el animal había luchado por su vida en vano, el asesino se había percatado de un par de cosas: el esfínter del animal y la lengua se habían soltado (había estirado la pata, como se dice vulgarmente)).
Uno de los amigos en ese momento miraba su espejo de mano repitiéndose: mira lo que haz hecho.
Después la bebida corrió como los ríos concesionados de la dignidad Mapuche.
Los amigos nunca escucharon a los Bad brains; nunca escucharon a los New York dolls.
Los amigos hablaron de su infancia, de sus padres, de algunas mujeres (con testimonio gráfico), de algunos muertos que les parecían notables y de algunos huevones que les gustaría ver muertos. Hablaron del colegio, de algunos viajes que fracasaron, de lenguas que no lograrían comprender y de la vejez; una vejez que viene con cosas que a los amigos, si no estuvieran del todo borrachos, no les interesarían: la calvicie, las canas, el gusto por los niños.
Quizás esa tarde uno de los amigos llora, pero sin demasiadas ganas.
Quizás suceden otras cosas hasta que al llegar la noche uno de los amigos se duerme y al otro lo visitan un tipo y dos mujeres. Beben y deciden salir a bailar a un lugar que, aunque les duela, no está de moda.
La historia de uno de los amigos, en este punto, se corta. Pero como en toda historia de horror, la historia continúa.
El otro amigo, ya de madrugada, bebe y baila y cree divertirse y sostiene diálogos que no lo conducen a ninguna parte. El otro, el que duerme, sueña con una coreografía de la que es parte y finalmente se despierta asustado, con una mujer encima, una mujer de pelo crespo, que le está dando bofetadas.
La mujer le dice: "Buena, loco" y desaparece.
Ahí el amigo se percata de que su amigo está durmiendo con él en la misma cama. Ambos están vestidos tal cual un día ha.
Y lo despierta, pese a que le lleva por lo menos quince minutos de tortura con un pequeño destornillador de paleta que le introduce, indistintamente, en las fosas nasales y en el ojo del culo.
TO BE CONTINUED...
Post scriptum: Los amigos después conocen a un par de poetas, a un ángel que pasa por las mañanas a la habitación a fumarse
un cigarrillo, a unos músicos chiflados, a una chica que hace una misteriosa entrada en el relato, a través de unas
fotografías, y a una dealer que siempre está en calzones y les proporciona suficiente droga como para que uno de
los amigos continúe con el relato.
(1) El nombre es Apophis, y el asteroide mide unos 320 metros de largo. La explosión que generaría su choque con la tierra
equivaldría a unas 20 mil bombas atómicas. Aquello de que caería sobre territorio Chileno es mera especulación de uno de los amigos.
para Carlos Ceruti Lagos
Alguien huye de su departamento un par de días y lo único que desaparece es un diccionario.
Ahí ese alguien tiene que pensar, necesariamente, que lo peor está por sucederle: algo se aproxima.
Su cuerpo está con la temperatura en su punto y se aventura y sale, no muy decidido, a las calles: visitará a un amigo.
Ese amigo, como es de suponer en estos casos, no le espera, pero él tampoco piensa encontrarlo.
Ese amigo al verle sabe que algo se aproxima con la fuerza de un asteroide con nombre de personaje Egipcio(1), a la tierra, y debería caer el 13 de Abril del año 2036, sobre el Reyno de Chile, aunque las probabilidades son bajas.
Dicho esto, y no de paso, podemos dar cuenta de nuestro relato:
Los amigos van de compras y encuentran a una chica dentro de una fotocopiadora. A uno de los amigos le parece lo bastante guapa como para ir a beber una copa de vino blanco y comer atún desmenuzado con tomates y palta dentro de la habitación del amigo que aparentemente la conoce.
Se ha bebido vino blanco y nadie parece satisfecho.
Uno de los amigos nunca se enterará del nombre de la muchacha, pero sin embargo, le regalará un poema que habla sobre las dudas, el hartazgo, el desenfado, la distancia y los márgenes de una página en blanco.
Se supone que hay un par de cervezas en el freezer, pero la chica se despide.
Esa misma tarde uno de los amigos le dice, al otro, que el día anterior vio a través de la ventana a un gato recién nacido evidentemente abandonado, y fue a buscarlo para darle leche, pero terminó ahogándolo en el lavamanos. También dijo que su madre habría sido la cómplice del asesinato.
Luego el animal fue depositado en una caja de zapatillas para ser lanzado en un contenedor de basura. Eso fue entre las 15:30 y las 15:50 de un día Domingo en que los cantos de los evangélicos, frente a su habitación, se elevaban como plegarias a un cielo gris por donde se le viera.
Aproximadamente a las 18:00 hrs un tipo comenzó a hurgar en el contenedor para sacar cartones y botellas de vidrio y uno de los amigos vio cómo la caja de zapatillas era abierta por el vagabundo, y logró constatar la conmoción del hombre que, quién sabe por qué, no volvió a dejar dentro del contenedor de basura la caja con el gato ahogado.
Muerte por agua, pensó en ese momento uno de los amigos.
Al darse cuenta de que la evidencia quedaba ahí expuesta y podía llegar a complicar la relación con alguno de sus vecinos, uno de los amigos bajó a comprar unas cervezas y volvió a depositar la caja sin poder evitar mirar antes al animal que ahí yacía, pero que, inexplicablemente, seguía vivo.
Esto perturbo profundamente al amigo que continuó ahora su rumbo equívoco hacia una botillería donde podría transformarse en el perfecto culpable (el animal había luchado por su vida en vano, el asesino se había percatado de un par de cosas: el esfínter del animal y la lengua se habían soltado (había estirado la pata, como se dice vulgarmente)).
Uno de los amigos en ese momento miraba su espejo de mano repitiéndose: mira lo que haz hecho.
Después la bebida corrió como los ríos concesionados de la dignidad Mapuche.
Los amigos nunca escucharon a los Bad brains; nunca escucharon a los New York dolls.
Los amigos hablaron de su infancia, de sus padres, de algunas mujeres (con testimonio gráfico), de algunos muertos que les parecían notables y de algunos huevones que les gustaría ver muertos. Hablaron del colegio, de algunos viajes que fracasaron, de lenguas que no lograrían comprender y de la vejez; una vejez que viene con cosas que a los amigos, si no estuvieran del todo borrachos, no les interesarían: la calvicie, las canas, el gusto por los niños.
Quizás esa tarde uno de los amigos llora, pero sin demasiadas ganas.
Quizás suceden otras cosas hasta que al llegar la noche uno de los amigos se duerme y al otro lo visitan un tipo y dos mujeres. Beben y deciden salir a bailar a un lugar que, aunque les duela, no está de moda.
La historia de uno de los amigos, en este punto, se corta. Pero como en toda historia de horror, la historia continúa.
El otro amigo, ya de madrugada, bebe y baila y cree divertirse y sostiene diálogos que no lo conducen a ninguna parte. El otro, el que duerme, sueña con una coreografía de la que es parte y finalmente se despierta asustado, con una mujer encima, una mujer de pelo crespo, que le está dando bofetadas.
La mujer le dice: "Buena, loco" y desaparece.
Ahí el amigo se percata de que su amigo está durmiendo con él en la misma cama. Ambos están vestidos tal cual un día ha.
Y lo despierta, pese a que le lleva por lo menos quince minutos de tortura con un pequeño destornillador de paleta que le introduce, indistintamente, en las fosas nasales y en el ojo del culo.
TO BE CONTINUED...
Post scriptum: Los amigos después conocen a un par de poetas, a un ángel que pasa por las mañanas a la habitación a fumarse
un cigarrillo, a unos músicos chiflados, a una chica que hace una misteriosa entrada en el relato, a través de unas
fotografías, y a una dealer que siempre está en calzones y les proporciona suficiente droga como para que uno de
los amigos continúe con el relato.
(1) El nombre es Apophis, y el asteroide mide unos 320 metros de largo. La explosión que generaría su choque con la tierra
equivaldría a unas 20 mil bombas atómicas. Aquello de que caería sobre territorio Chileno es mera especulación de uno de los amigos.

1 Comments:
el amigo, fumando la droga que le tiene los dedos amarillos y pegados, niega rotundamente la veracidad de los dichos expuestos en la precedente (por supuesto, exceptuando el insano episodio de la "muerte por agua"), conminando al autor a un buen par de nalgadas, o en sus defectos a la misma mierda
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