martes, diciembre 19, 2006

Smoke Blues (o una crónica para rehabilitarse.)
No tantos son los hombres que le quitan la piel al gato para encontrar su belleza. Y no hablo de entrega, no. Sino de una desmesura por conseguir en lo inmediato, una respuesta saludable. No merecen aplausos, menos descalificaciones. La complejidad de sus oraciones siempre compuestas en mí, más que elogios, genera dudas mayores.
Es exceso de cafeína, se podrá pensar. O el calor, pero no; con frecuencia salto al vacío desde el umbral de mi puerta. Me estimulo con los ojos otros, lo que me hace perder la perspectiva. Jamás coincido, en tertulias y charlas de café, con los medios y artimañas de los bienpensantes: alumnos en práctica de la evasión somnífera del mercado capital.
No es rebeldía, señores lectores.
No pretendo consagrar mi opinión en pasto ajeno, en pasto seco. Voy más lejos, al espacio sonoro que ocuparan los Coltrane, los Monk y muchos otros. Todos ellos en Lexington Avenue, en Brooklyn, en una Nueva York olvidada. A la tarjeta de promo y letra chica para actuar en un cabaret. A esa misma tarjeta vencida y a la jeringa para despegar a Europa, a un París tolerante, lleno de angustia.
El tabaco y el alcohol mezclados en la densidad del melodrama ejecutado en un escenario donde piano y saxofón se desgarran deleitándonos. Y se respira alegría, no nos confundamos, sombría al fin.
Y los tambores son como los de la hora final, con excepción de las criaturas volátiles. Y el número interesa en la medida que a pérdida el horizonte difumina.
Todos los rostros, en la oscuridad de la platea, se estremecen con gestos vehementes y lagrimones. Las notas que escapan del viejo instrumento, ese que se rinde, como una pieza estertórea, sigiloso a los espectadores.
La luz es escasa; como es costumbre, es exclusiva del personaje que imprime a la maniobra inspiración, emociones. Y al finalizar el acto, para volver al ataque, los aplausos conspiran por insatisfacción, por exigencias arraigadas al olimpo del Jazz, por ansias premonitorias, más allá de la duda. Porque silencio equivale a muerte en el sin sentido de las siluetas y las extensiones.
La imagen persiste lejos del recuerdo. Y es duro, pero basta una acción que determine lo casual en el misterio para sobreponerse.
12 de Febrero 2003

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

hola mi niño hermoso como tay tengo telefono 09-99842497 espero que me llames luego. tengo muchas ganas de hablar con tigo, caminando tomandonos un jeteeeeeeee. te quiero muchoooo
un besote chau.
maureen hudson

9:41 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

DeDiCaMe

UN

EsCrItO






MAUREEN HUDSON

9:49 p. m.  

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